Allí donde los Montes Apalaches atraviesan las regiones de Kentucky, Virginia Occidental y Tennessee (y quizá, aún, en algunos de los estados vecinos), es posible encontrar un puñado de iglesias rurales que se adhieren a una peculiar, pero minoritaria tradición de culto cristiano conocida como «manejo de serpientes».
Esta tiene su origen en una fecha tan cercana como 1909-1910, y se basa en una interpretación literal de un pasaje situado al final del Evangelio de Marcos, específicamente en Marcos 16:17-18, donde Jesús dice a sus discípulos:
«Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán».
Para los practicantes, estas actividades son una demostración de fe y obediencia a las palabras de Jesús. A pesar de las controversias y los peligros evidentes, estas comunidades ven el manejo de serpientes no como una forma de ‘tentar al destino’ sino como una afirmación de su fe inquebrantable en las promesas bíblicas.
El iniciador de este culto, terminó muriendo en 1955, en Florida, al haber rechazado la atención médica tras ser mordido por una serpiente que sujetaba durante un servicio religioso. Varias décadas más tarde, en 2014, Jamie Coots —otro predicador ‘manejador de serpientes’ que obtuvo cierta notoriedad internacional a causa de su aparición en documentales y programas de televisión (como ‘Snake Salvation’)— murió exactamente por el mismo motivo. Otros 80 feligreses de estas congregaciones, que se sepa, han corrido igual suerte.
Pero, ¿de verdad eran esas las palabras de Jesús?
El de Marcos es el más breve de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento. Según la mayoría de los expertos, también fue el primer evangelio en ser escrito, y es visto como la base literaria de los textos de Mateo y Lucas. De modo que la mera posibilidad de que parte del contenido que atribuimos a ‘Marcos’ (sea cual fuere el nombre real de su autor) fuera introducido por terceros después de su publicación original resulta relevante para la tradición cristiana y para nuestra comprensión de la historia bíblica.
Y ahí es donde entra el denominado «final largo de Marcos», es decir, los versículos 9-20 del capítulo 16 del Evangelio: precisamente con los que se cierra el libro. Y precisamente los que incluyen los citados versículos sobre el ‘manejo de serpientes’.
Siendo breves, la duda que gira en torno a los versículos 9-20 es la posibilidad de que alguien, con buena o mala voluntad, o quizá meramente por error de transcripción, los incorporase al texto evangélico muchos años después de que éste fuera escrito. Si fue así, el error se propagó durante siglos hasta llegar a formar parte de la ‘Biblia oficial’.
Pero, ¿por qué llegó a surgir este debate? Muy sencillo: porque en el s. XIX se halló uno de los manuscritos más antiguos disponibles hasta este momento del Evangelio de Marcos (el Codex Sinaiticus, 330–350 d.C.), que se caracterizaba por finalizar abruptamente en el versículo 8 del capítulo 16, con las mujeres huyendo del sepulcro y sin contarle a nadie (ni siquiera a los apóstoles) lo que habían visto, por miedo.
Fue entonces cuando alguien señaló que el único otro documento contemporáneo a este que se conocía, el Codex Vaticanus, también mostraba una columna deliberadamente en blanco en ese punto. Antes, podía atribuirse a un error del copista, pero ahora cabía pensar que fuera consciente de que había algún tipo de duda o disputa con ese fragmento del evangelio marcano. Qué sorpresa cuando cayeron en la cuenta de que los manuscritos más antiguos de las primeras traducciones del Evangelio de Marcos al latín, siríaco, copto, armenio o georgiano, mostraban exactamente con el mismo ‘defecto’.
Del mismo modo, al revisar los comentarios bíblicos de las primeras generaciones de Padres de la Iglesia descubrieron la mayoría de ellos mostraba indicios de no haber oído hablar de estos últimos versículos (o afirmaba claramente que su copia de Marcos terminaba en 16:8). Es cierto que contamos con una excepción del s. II, Ireneo de Lyon, pero lo solitario de su testimonio nada aporta en defensa de la autenticidad de 16:9-20, por más que muchos biblistas modernos se agarren a él como clavo ardiendo.
Finales y más finales
Repasemos los versículos con que finalizan los manuscritos más antiguos (lo que llamaremos el ‘Final Abrupto’):
«Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo».
Y, ahora, repasemos los versículos posteriores, el llamado ‘Final Largo’:
«9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén».
Recordemos, igualmente que existe una versión aún más extensa de este Final Largo (que sólo aparece en el Codex Washingtonianus), que añade el siguiente texto (llamado ‘Logion de Washington‘) tras 16:14:
«Y ellos respondieron diciendo: ‘Este siglo de iniquidad y de incredulidad está bajo Satanás, quien no permite que la verdad y el poder de Dios sean comprendidos por las cosas impuras que dominan a los espíritus. Por tanto, revela ya tu justicia.’ Así hablaron a Cristo. Y Cristo les respondió: ‘El término de los años del poder de Satanás se ha cumplido, pero otras cosas terribles se aproximan, incluso para aquellos por quienes pequé y fui entregado a la muerte, para que vuelvan a la verdad e incurran en pecado no más, a fin de que hereden la gloria espiritual e incorruptible de la justicia que está en el cielo».
La teología que motiva este añadido resulta verdaderamente chocante: ¿El poder de Satanás ha terminado, pero «otras cosas terribles se aproximan»? ¿Jesús cometió pecado? Es fácil entender por qué apenas se difundió.
Y por fin, existe un último final alternativo, llamado ‘Final Corto’, que aparece en algunos manuscritos y meramente añade un breve resumen de lo dicho en los otros evangelios:
«Pero ellas anunciaron brevemente a Pedro y a los que estaban con él todo lo que se les había mandado. Y después de esto, el mismo Jesús envió por medio de ellos, de oriente a occidente, el sagrado e imperecedero mensaje de la salvación eterna».
Está claro que el final abrupto original resultaba profundamente insatisfactorio para muchos de sus lectores, tanto que aparentemente se sintieron legitimados para añadir lo que, a su entender, el evangelista habría querido decir al final.
Los problemas del Final Largo
Dejando de largo los otros finales alternativos, cuya autenticidad y/o canonicidad nadie defiende, la evidencia textual y estilística del propio ‘Final Largo’ también habla en contra suya. Y es que sus críticos tienen buenas razones para señalar que las diferencias de estilo y vocabulario entre el cuerpo principal del Evangelio y estos versículos finales indican claramente que corresponden a dos autores diferentes.
- Incoherencia: La transición del versículo 8 a los versículos 9-12 carece de sentido: primero repite dos datos que Marcos nos acababa de proporcionar (que Jesús había resucitado esa mañana y que se había aparecido a María Magdalena), y después pasa a contradecir por completo la reacción de María, pasando de «ni decían nada a nadie, porque tenían miedo» a «Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él». Sumemos a eso que su reintroducción en la narración se realiza como si ella no hubiera sido aún mencionada («María Magdalena, de quien había echado siete demonios»).
- Promesa incumplida: El ‘Final Largo’ incumple la promesa argumental del propio Evangelio, puesto que tanto Jesús (en 14:28) como el ángel del Sepulcro (en 16:7) anuncian explícitamente que Jesús se reunirá con los apóstoles en Galilea antes de subir al Cielo, y esa reunión nunca ocurre en 16:9-20, que sí incluye dicho ascenso. El ‘Final abrupto’ deja, por lo menos, abierta esa puerta.
- Narración collage + teología innovadora: Mientras que la sucesión de hechos narrada en el Final Largo parece estar compuesta de retales extraídos de los otros tres evangelios canónicos y de los Hechos de los Apóstoles (ver gráfico), este también introduce toda una serie de ideas que parecen ajenas al resto de la Biblia, empezando por la extraña promesa de inmunidad frente a mordeduras de serpiente y otros venenos (que generaliza a todos los cristianos un milagro puntual de San Pablo).

¿Por qué nos encontramos con un final abrupto?
Llegados a este punto, la naturaleza espuria del Final Largo (que, recordemos, es el que sigue apareciendo en la mayoría de las Biblias que se imprimen hoy en día) parece bastante clara. Así que la pregunta que nos deberíamos hacer es ¿Marcos 16:8 fue el final proyectado por el autor original del Evangelio? ¿O dicho final se perdió (o nunca llegó a escribirse)?
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